Biografía

ESTA ES MI HISTORIA...

Hijo de padre aragonés y madre catalana, nací el 13 de octubre del año 1958. Probablemente tan sólo fruto de la casualidad, mi madre dio a luz en una clínica, ya desaparecida, de la calle bruch de barcelona, situada a escasos cincuenta metros del Conservatorio Superior de Música.

Albert CuberoMi abuela por parte de madre, Virginia, quien convivió con la familia durante mucho tiempo, me compró una guitarra antes de cumplir los 6 años. En mi casa se escuchaba únicamente la música que sonaba en la radio, ya que no teníamos tocadiscos ni tampoco casset, pero siempre me decían que al escuchar una canción, la cantaba de arriba abajo cientos de veces.

Sin saber cómo, al poco tiempo me encontré buscando en la guitarra las notas de esas canciones que había aprendido de memoria. Me pasaba horas, hasta que conseguía hacer sonar primero un trozo y luego otro. Sólo recuerdo que tenía que repetir muchísimas veces cada uno de los fragmentos de cada tema, pero después de varios días, decía: «¡por fín!»… como por arte de magia, hacía sonar la canción.

Así fueron transcurriendo algunos años, hasta que un domingo, en casa de mis abuelos paternos, apareció una guitarra muy vieja que había sido de mi abuelo; éste (como buen aragonés) comenzó a tocar una jota. Viendo que “se me caía la baba”, me invitó a coger el instrumento y empezó a colocarme los dedos correctamente, hasta que hice sonar mi primer acorde mayor.

Recuerdo que sentí una emoción que nunca antes había experimentado. Era algo que superaba con creces todo lo que había sentido hasta entonces.

Tras varias semanas, un domingo, después de tocar, mi abuelo me dijo: «te gusta ¿verdad?, pues la guitarra es tuya». Yo creo honestamente que en ese momento me convertí en un adicto a la guitarra.

Con este nivel de entrega y dedicación, transcurrieron unos cuantos años, en los que no me interesé por otra cosa que no fuera la música y mi guitarra.

Un buen día, Rodrigo (el primer novio de mi hermana), le compró una buena guitarra clásica. También le pagó clases particulares con un concertista muy bueno, pero todo resultó inútil, ya que mi hermana no tenía oído, ni paciencia, ni ganas. Por fortuna para mí, la guitarra pasó a mis manos, y con ella pude continuar aprendiendo.

A los 14 años soñaba con comprarme mi primera guitarra eléctrica y un amplificador, pero no tenía dinero. Así fue como se me ocurrió anunciarme como profesor a domicilio para niños y principiantes. Al poco tiempo había conseguido 3 alumnos.

Jaime, quien más tarde se casaría con mi hermana, me regaló mi primera guitarra eléctrica y el amplificador, pero yo continué trabajando hasta conseguir reunir el dinero suficiente para comprar exactamente lo que deseaba…

A los 15 años, de camino al instituto, descubrí  en una pastelería un cartel anunciando que se precisaba un repartidor para trabajar domingos y festivos. Así fue cómo, después de un tiempo, pude comprarme una Fender Mustang y un ampli de válvulas Vox AC 30… ¡era el mismo amplificador que usaban los Beatles, y sonaba de muerte!

En aquel tiempo formé una banda con mis compañeros de estudio. Tocábamos temas de Beatles y de Creethens Clewater Revival.

No tardé mucho en conocer al que hoy es un extraordinario pianista: Lluís Vidal, con el que formé un dúo. Poco después ya tocábamos en la Cova del Drac y la Jazz Cava de Terrassa. También acompañábamos a un cantautor armenio, Alejandro Arzumanian. Algunas veces venía a tocar con nosotros el flautista Salvador Brotons, quien desde hace ya muchos años, goza de una excelente reputación, en sus inicios como flautista clásico, y al poco tiempo como compositor de música clásica contemporánea.

A la edad de 16 y durante un año, trabajé como auxiliar administrativo para la empresa distribuidora del agua de Vichy Catalán. Otro año más lo pasé realizando el mismo trabajo para la casa Solís, sí, sí, los del tomate frito, y así fue como pude comprarme mi primera guitarra Gibson. Nada más y nada menos que la que más deseaba: una Les Paul Custom negra y dorada… ¡uauuuu!

Fue en esa época cuando conocí a Jordi Vilaprinyó y a Fafel Escoté. Habían formado un grupo llamado Gotic, del que pasé a formar parte. El grupo acompañaba al cantautor Joan Isaac, y pronto me propusieron trabajar con ellos.

A los 18 años recibí la llamada de Manel Camp, quien me propuso acompañar a la guitarra al cantante Miguel Gallardo.

Justo antes de la entrevista, le conté a Manel que yo no leía música, pero que si me tocaban un pasaje de alguna canción, era capaz de repetirlo con mi Les Paul en unos instantes. Así fue como comencé a actuar en giras por toda España y América Latina (México, Argentina y Urugay).

Albert Cubero - BiografíaPor aquel tiempo ya frecuentaba los estudios de grabación. Participé en infinidad de discos de cantantes famosos, también música para publicidad en radio y televisión.

Con 18 años me inscribí al primer seminario internacional de Jazz, organizado por la escuela Taller de Musics. Se celebró en un hotel a orillas del lago de Banyoles. Allí recibí clases de armonía de la mano de Thad Johnes y Steve Brown, de quienes aprendí muchísimas cosas y nuevos conceptos de guitarra.

Al poco tiempo escuché que había llegado a Barcelona un excelente profesor de guitarra eléctrica, un americano llamado Arthur Berstein. Comencé a asistir a sus clases, y después de tres o cuatro sesiones, me propuso trabajar como profesor en la escuela Aula de Música Moderna y Jazz… debo reconocer que el miedo me paralizaba al principio: algunos alumnos me doblaban la edad.

Así fue cómo, de no saber nada, pasé a ser profesor en la escuela más prestigiosa de Barcelona.

Fue entonces cuando formamos un trío («Trío Vivo»), con Rafael  Escoté (bajista) y Quim Solé a la batería. Tocábamos incluso temas de Pat Metheny, muy en la onda ECM, o sea, el jazz más innovador del momento.

Por aquel tiempo ya había tocado con un montón de músicos. Trabajaba casi todos los días como músico de estudio, realizando todo tipo de grabaciones con todo tipo de músicos.

Un músico, cuya influencia significó un antes y un después en mi carrera musical, fue Josep Mª Bardají, guitarrista de Joan Manuel Serrat. Llegamos a ser buenos amigos y siempre que había ocasión, nos reuníamos en su casa para tocar. De él aprendí muchísimos temas y también trucos para mejorar con la guitarra.

Recuerdo también a Luis Pardellans (pianista y arreglista). Él me introdujo en sus dos grupos: «Batucada» y «Brasas“. El primero de jazz-brasileño, el segundo de baile.

Aprendí muchísimo de Luís en lo que a música se refiere, pero hace algún tiempo comencé a darme cuenta que la lección más importante que me transmitió fue: «sé siempre humilde, nunca pretendas demostrar nada».

El bajista Enric Ponsa, quien me acogió con gran cariño y entusiasmo, resultó ser una extraordinaria aportación a mi carrera. Hace poco hablé con Ricard Miralles, quien me comentó que Ponsa había muerto. Cuando colgué, no pude evitar que me saltaran las lágrimas.

Aunque la prioridad en mi vida es “vivir el momento presente”, no he logrado liberarme completamente de la nostalgia, del recuerdo de los seres que he amado a lo largo de mi vida, que, afortunadamente, han sido muchos.

Otros músicos con los que compartí experiencias fueron: Alfredo Domenech, Pinto, del Amo, el Portugués, los Hermanos Moraleda, Nilton, Lizandra, y un largo etcétera.

A los 19 años inicié el servicio militar. Únicamente resultaron duros los tres meses de campamento en Sant Climent (Girona). Al llegar al cuartel de Lepanto (Barcelona), pude continuar trabajando como músico de estudio. En ese momento hacía muchos programas de televisión y a mis superiores les encantaba verme casi todas las semanas.

Durante la «mili» trabajé en la parrilla del Hotel Ritz con el grupo «Brasas», de Luís Pardellans. Al concluir los 20 meses de servicio, me llamó Jordi Llanes para formar parte del cuarteto del Crazi Horse, donde la gente iba a cenar y a disfrutar del espectáculo. El cuerpo de baile lo trajeron de Inglaterra. Pronto me enamoré de Louise y empecé a «tirarle los tejos». Poco después ya vivíamos juntos. Yo era el hombre más feliz de la tierra: estaba enamorado de mi pareja y también de mi profesión.

Lo siguiente fue entrar en la orquesta «Cimarron», con quienes compartí dos años de mi carrera. La llave de entrada fue su bajista, Jordi Camp.

Habíamos tocado juntos con Miguel Gallardo y manteníamos una estrecha amistad. Todavía hoy hablamos y no ha cambiado nada. Jordi forma parte de mi lista particular de VIP´s.

Aquellas dos temporadas con «Cimarron» fueron maravillosas, inolvidables. Estaba con la mujer que más he querido en toda mi vida y por si fuera poco, ganaba más dinero que con cualquier otro trabajo. Me trataban como a un rey. Todos se portaron muy bien conmigo, perooo… la familia de Lou insistía en que fuéramos a vivir a Inglaterra, y al fin me decidí.

Sabía que allí no iba a ganar un duro, pero a cambio, podría estudiar con los mejores músicos del mundo. Y sí, así fue.

Lo cierto es que aquel cambio de país resultó muy duro para mí. No conocía el idioma para nada, ni tenía amigos. Al poco tiempo no nos quedaban ni los ahorros, ya que la vida allí era 10 veces más cara que en España.

En este punto de mi inacabada biografía, deseo pedir disculpas a todos los que habéis leído hasta aquí, sin haber podido completar la lectura por inexistente.

Cuando leí esta primera parte que ya conocéis, me pareció un rollo que no iba a resultar interesante para nadie, pero no ha sido así. Unas cuantas personas me han pedido que la terminase de una vez, uno de ellos fue Manel Camp. Siempre nos hemos apreciado mutuamente. Por otra parte, con nadie hubiese podido aprender como con él o con Ricard Miralles. De la mano de este último descubrí que todo es posible si se hace con amor. Él fue nuestro director musical en la banda de Joan Manuel Serrat, a quien desde aquí pido mil disculpas y reitero mi profundo agradecimiento.

Debo echar el freno de mano, aunque sólo sea para aclarar que me dejo cantidad de nombres de grupos y músicos que han influido en mi carrera. Por ejemplo «Gotic». No recuerdo quién de ellos contactó conmigo, pero recuerdo que buscaban un bajista.

Acepté ir a la prueba y allí me presenté con un bajo Hoffner (sí, si, el de los Beatles), que me dejó prestado Agustinet Bardes, el mismo que tiempo atrás me había vendido a plazos el super ampli Vox AC 30. Como es habitual en mí, les dije que no tenía ni idea de música. Rafel Escoté estaba tocando una Gibson 335, Jordi Vilaprinyó un Fender Rhodes. Yo con el bajo en mis manos, y con la sensación de que al compararlo con la guitarra, aquello parecía un juego no de ajedrez, sino de parchís, pero eso sí, venga ensayar y ensayar.

Un buen día me dijeron que haríamos un bolo nada más y nada menos que en la Cova del Drac, y que Santi Arisa tocaría la batería… o sea, el mejor batería de España (pensaba yo, y no andaba demasiado desencaminado). Santi era para mí el icono número 1 como batería y percusionista.

Perdonarme, este momento exige un paréntesis, ya que ahora llega un alumno. Qué fuerte, ¿verdad? pues sí, en cualquier parte encuentras gente que desvaría, pero con motivación, ilusión, esfuerzo y muchas ganas. En contrapartida, siempre hay quien está convencido de que con cuatro clases logrará tocar como Mark Knoffler.

Se me acaba de ocurrir, o mejor dicho, acabo de recordar la diferencia entre un guitarrero y un guitarrista: el primero se tapa los cataplines con la caja del instrumento.

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Hay un pianista del que no podré olvidarme jamás. Él es Lluís Vidal, músico de gran formación clásica, con quién creamos un dúo durante la época de mi Les Paul. Casi todos los temas eran suyos. Pues bien, fuimos a tocar a dúo a la Cova del Drac, y también al Jazz Cava de Terrassa. Caray, tuve ocasión de conocer a gente realmente entendida, como Valentí Grau, Josep Mª Farras, Adrià Font, Joan Albert, y tantos otros…

Nos dijeron que lo que tocábamos estaba muy bien, pero que no acababa de ser Jazz. Nos preguntaron si estábamos interesados en ensayar con ellos. ¡¡¡no me lo podía imaginar!!! todos eran monstruos del Jazz, y nosotros unos simples «paquetes», como dirían en la mili.

Anteriormente he mencionado a «Gotic», un semi-gotic acompañando a Joan Isaac. No he mencionado que con este último viajamos hasta Milano y Torino. También he hablado de Miguel Gallardo, en paz descanse.

Posteriormente ingresé como guitarrista en el Crazy Horse, donde conocí a la que poco después sería mi compañera sentimental y también artística durante una época: Louise Mackenna. Ella formaba parte del cuerpo de baile, todos ellos ingleses. Lo del club no tuvo un buen final, pero al poco tiempo estaba ya viviendo con Lou, cuando me llamó Jordi Camp para formar parte de «Cimarron», siete músicos y Joan Pau, un cantante fuera de serie. Aquel grupo sonaba como un disco, simplemente impresionante. Pero nunca he tenido bastante, quería más, necesitaba sentir que era un auténtico guitarrista de Jazz, así que lo abandonamos todo e hicimos mudanza completa a Inglaterra. Debo decir que la diferencia en cuanto a nivel musical entre los dos países era abismal. Aquí era el «number one» sin duda alguna, allí no pasaba de ser algo más que mediocre.

La llegada a aquel país resultó realmente impactante. Vivíamos en una preciosa casa de madera con dos habitaciones, aparte de mi estudio y un enorme salón con chimenea. Ah!, toda la parte lateral del salón, la pared más grande, era todo un cristal con vistas a un maravilloso jardín.

Comencé a montar un repertorio de solo guitar de más de tres horas, y con Lou hicimos lo mismo. Una vez logrado que todo sonara como queríamos (la verdad es que muy bien), comenzamos a mover contactos y a hacer bolos, tanto yo solo como con el dúo.

Por aquel entonces hacía ya tiempo que le había pedido clases de jazz guitar a Phil Lee, pero tuve que permanecer en lista de espera durante unos cuantos meses. Íbamos alguna vez a ver sus conciertos y tocaba tremendo.

Al cabo de unos meses, Phil, que era como mi padre, había estado investigando dónde más podría yo continuar estudiando, y a través de sus amigos músicos, consiguió que me hicieran una prueba. Pues bien, de entre 200 guitarristas, únicamente tres fuimos los seleccionados.

En mi primer día de clase, me encontré con un hombre relativamente joven. Yo le expliqué lo que sabía, que en Barcelona era músico de estudio, pero que mi nivel de lectura a vista dejaba mucho que desear, así que sacó partes de guitarra de Bach a 2 voces y marcó 4. Al final me dijo que yo me había equivocado 6 veces y él 4.

Al comentarle que Phil Lee era mi profesor desde hacía meses, me dijo que él no podía ayudarme, que me dirigiese al director del Guild Hall para pedirle que la escuela me pagase los honorarios de Phil y me permitiese continuar el resto del curso como los demás alumnos. Yo aluciné al comprobar lo sencillas que resultaban allí las cosas. Si te lo merecías, ahí va, es tuyo, te lo has ganado, y de esa forma, o sea por méritos propios, Dudly Philips, alumno de bajo en la escuela, me propuso entrar a tocar en su grupo «This Side Up», un grupo de Funky pero con mayúsculas. Otra vez tenía que ponerme a estudiar a fondo para estar “casi” a la altura.

Con Lou y el bajista Colin Farley formamos un trío. El padre de éste era pianista y arreglista. Un día recibí una llamada para hacer un bolo. Los papeles de guitarra eran difíciles, pero se podían tocar, un poco de cifrados, notas escritas combinadas. Pero a medio bolo “tropecé” con una parte de dos papeles. Yo pensé, cagada.

Yo tocaba la melodía todo el tiempo, y a mitad de la canción me perdí. No os podéis imaginar la bronca que recibí del director. Me dijo claramente que en un año me daría la segunda y última oportunidad, y que ya podía empezar a leer pero en serio. Así lo hice. Me enteré que en Dorking, a 8 millas de casa, había una biblioteca con una sección dedicada a la música, y así comencé a visitar aquella biblioteca un día a la semana; me llevaba a casa un montón de libros que a la semana siguiente cambiaba por otros. Controlaba el tiempo empleado en estudiar lectura a vista, y resultó que destinaba 10 horas al día cuando menos, y hasta 14 en ocasiones. Me iba a dormir completamente extenuado.

En aquella época me sentía un fracasado, la falta de ingresos económicos había hecho mella en mí hasta el punto de empujarme a la bebida. Estaba necesitando un cambio cualitativo, y por supuesto, también cuantitativo. Un buen día sonó el teléfono y ¿a que no sabéis quién era?, pues los de la oficina de Joan Manuel Serrat, ofreciéndome una prueba para entrar a formar parte de su banda.

La prueba era simplemente tocar unos cuantos temas en el Auditori de Palma de Mallorca, pero sin ensayo previo. La noche anterior en Cal.la Ratjada, en casa de Tato Llinas junto a Ricard Miralles, hicimos una lectura de los papeles sin piano. Recuerdo que Ricard me decía: «aquí estate tranquilo, pero ojo en estas tres partes», y yo con lápiz hacía pequeñas marcas allí donde había “peligro”, que era en muchas partes de cada papel.

Sólo recuerdo la noche siguiente en el escenario tocando, y pensando a cada momento: «aquí meteré la pata». Y así fui salvando canción tras canción. Por supuesto, antes de salir a tocar yo había tomado dos o tres copas. Ya sabéis, por lo del miedo escénico, bla bla bla…

Cuando después de despedirse del público, Joan Manuel entró en el camerino, se limitó a darme una palmadita en la espalda diciéndome: «benvingut a la familia, nano».

Con ellos hacíamos 2 meses en América, 3 o 4 en España y finalizábamos con 2 meses más en América. En medio de estas giras a nivel casi mundial, me dedicaba a tocar Jazz con los mejores de aquí, Kiflus, Bonell, Lucki Guri y un largo etc. ¡qué gozada!, tocar a dúo con Jordi Bonell, o con otro guitarrista que nadie conoce y es brutal, lo que toca, con su gusto exquisito, fraseo, sonido, conocimiento armónico y melódico… me refiero a Joan Abril.

Pero amigos, con el alcohol no se juega. Al final te das de bruces. Lo que sigue, y más teniendo en cuenta mi estado de salud, era ya casi inevitable, cayó, o más bien yo mismo derramé en el vaso lleno la última gota, lo que provocó que se desbordara el líquido del vaso. Total que dejé tirado a Serrat y todo su equipo y me volví a Barcelona yo solito. Menuda putada. Sabía que debía agachar la cabeza y pedirle perdón, pero ¡ay!, ¿dónde quedaba mi orgullo?

Desde que dejé la banda en octubre del 92 y hasta el 95, el consumo de alcohol fue en aumento, a la par que mi afición por la música iba disminuyendo.

Estuve ingresado en un centro terapéutico en Marganell, cerca de Montserrat (Barcelona), durante 6 meses, y uno anteriormente en el Hospital Clínic también de Barcelona.

Así dio comienzo lo que es mi vida actual, recuperando la pasión por la música, aunque algunos días, por más que busco, sólo encuentro un gran vacío interior. Hay una crisis tremenda, y creo que no sólo nos afecta a nosotros, sino que se ha extendido a nivel mundial. No salen bolos, y los que quieren clases, no las pueden pagar. En fin, nos toca hacer como a tanta y tanta gente: no perder la ilusión y hacernos a la idea de que el dinero no es ni mucho menos el factor que determina nuestra felicidad. Hay un librito titulado «lo que sabe la gente sabia», que desde aquí recomiendo.

Para finalizar, deseo daros las gracias a todos, los que me quisieron bien, ya que de ellos aprendí cómo debía manejar mi vida, y a los que no, porque me enseñaron las cosas que es preferible no hacer.

Me despido cordialmente de todos, no sin antes haceros partícipes de esta pequeña reflexión personal: ¿sacrificio, esfuerzo, tarea ardua?, pues nooooo: ilusión, cariño, agradecimiento… de eso sí en grandes dosis.

¿A nadie le ha ocurrido ver por todas partes gente tocando una Les Paul Custom, y luego conseguirla y estar tocándola durante todo el día? ¿O quizá pasarse un mes intentando sacar un trozo de un solo de George Benson, o Wes Montgomery o Joe Pass? Vas por la calle cantando lo que vas a interpretar al llegar a casa. Te imaginas el mástil, dónde irá cada dedo y oír cómo suena. Al principio crees que nunca lo conseguirás. Para mí sólo existen dos opciones: la primera, intentarlo con éxito, cosa estupenda. La segunda, que el éxito no llegue tan fácilmente, lo cual es en parte mejor, pues indica que tu oído tiene mucho que aprender. Para mí, el oído es como un músculo: cuanto más se ejercita, tanto más se desarrolla.

Para terminar, os recomiendo averiguar qué es lo que verdaderamente deseáis lograr e id a por todas. Hacer como yo, que fui estudiante, lo soy y siempre lo seré.

Os invito a leer de nuevo la FAQ de este sitio. Está actualizado y allí hago un repaso a las que han sido mis guitarras favoritas a lo largo de tantos años, así como de las descubiertas hace tan sólo unos meses: las Weisse Hügel.

Gracias por ser tan pacientes conmigo. Vivencias, manías, complejos, reflexiones… espero que os hayan servido para conocerme un poco mejor.

Hasta siempre amigos,

Albert Cubero